15 mayo 2011

Hoy que hacemos olas por molestar

Alejandro González. Talla directa en Mármol. 18" x 8" x 6". 2010



 
Enredado entre pensamientos constantes, conversaciones inventadas, besos, su nombre y el de ella, el viento, la sal,
olvidado el siguiente paso, amarrado el mar a la playa.
No habló con nadie de tantas cosas “importantes”: de política, del petróleo, de las balas, de los ladrones con traje, de los miles que se mueren de hambre, de la sangre de los desaparecidos, de los tramposos, de cómo se quema el país. Del milagro del pan y los peces.
Se dijo honestamente: no quiero cambiar el mundo, ni mi país, no quiero salvar a nadie ¿eso me hace una mala persona? ¿Mal ciudadano? Nomás quiero ser normalmente un humano fuera de lo común -era tan común como los demás.
De vuelta a casa, abrazado a la ausencia, se contradijo en sus pensamientos, quería ser revolucionario -ya no-, se consoló (o entendió la revolución) diciendo para él: “Eso que llaman revolución no nace pensando en la revolución como tal; yo propongo que nazca del conocimiento, de caminar, de creer, de ser valiente, del trabajo, de ser responsable con la propia vida”.
Solo estaba intentado olvidar, pero a cada paso, veía pasar aves desterradas; no estaba intentando entender, solo olvidar, pero allí estaba el cielo, los árboles y el río. Hubiera preferido la memoria, pero se ha hecho amigo del olvido.
La puerta de la habitación entreabierta. Olvidó que estaba olvidando a alguien, tenía las llaves de tierras prohibidas.
Enredado entre pensamientos constantes, conversaciones, besos, su nombre y el de ella, el viento, la sal. 


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