04 junio 2011

El mono gramático

Alejandro González. 12 cm x 30 cm. 2,011



Quizá necesitamos saber, que caminaremos hasta el fin, para no preocuparnos de encontrar o no encontrar lo que andamos buscando, en el transcurso del aquí al fin; para estar siempre atentos. El fin no tendría  significado si jamás notamos como llegamos hasta allí.
Encontré un libro (o el me encontró a mí) de Octavio Paz, y nomás quiero dejar registro de ese texto inicial del libro, que me ha gustado mucho, mismo que transcribo:

 “Lo mejor será escoger el camino de Galta, recorrerlo de nuevo (inventarlo a medida que lo recorro) y sin darme cuenta, casi insensiblemente, ir hasta el fin –sin preocuparme por saber qué es lo que yo he querido decir al escribir esa frase. Cuando caminaba por el sendero de Galta, ya lejos de la carretera, una vez pasado el paraje de los banianos y los charcos de agua podrida, traspuesto el Portal en ruinas, al penetrar en la plazuela rodeada de casas desmoronadas, precisamente al comenzar la caminata, tampoco sabía adónde iba ni me preocupaba saberlo. No me hacía preguntas: caminaba, nada más caminaba, sin rumbo fijo. Iba al encuentro… ¿de qué iba al encuentro? Entonces no lo sabía y no lo sé ahora. Tal vez por eso escribí <ir hasta el fin>: para saberlo, para saber qué hay detrás del fin. Una trampa verbal; después del fin no hay nada pues si algo hubiese el fin no sería fin. Y, no obstante, siempre caminamos al encuentro de…, aunque sepamos que nada ni nadie nos aguarda. Andamos sin dirección fija pero con un fin (¿cuál?) y para llegar al fin. Búsqueda del fin, terror ante el fin: el haz y el envés de mismo acto. Sin ese fin que no elude constantemente ni caminaríamos ni habría caminos. Pero el fin es la refutación y la condenación del camino: al fin del camino se disuelve, el encuentro se disipa. Y el fin –también se disipa.”

Octavio Paz.
El mono gramático.



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